Marsanta en ruta

Mi ultima crónica.



Hoy por casualidad entré en mi blog. Hacía muchos meses que no navegaba por ese pequeño mundo virtual que creé hace años. Recuerdo que un día allá por el año 2007 me inflé de vanidad y pensé que había sido elegido por algún dedo casi divino para contar, relatar y exponer  en internet mis pequeñas batallas con mi hierro azul.

Había vuelto a la moto después de trece años de ausencia por el imperativo familiar habitual de los que un día formamos una familia. Esa circunstancia que te secuestra y te aparta de cualquier decisión egoísta y que exige dedicación, esfuerzo y generosidad.

Pero esta enfermedad que tenemos algunos no tiene cura. Es crónica y permanente y aunque hay veces que parece que mejora, siempre acaba por aparecer de nuevo. Y antes o después la moto vuelve al garaje y el horizonte se abre y no hay mejor manera de buscarlo que montado en la máquina de rugir.

Pensé que internet me ofrecía la herramienta perfecta para compartir afición con no se sabe quién y que se abrirían muchas puertas que de otro modo quedarían cerradas. Los foros monomarcas o incluso monomodelos empezaban a estar de moda. Comunidades de amigos que comparten afición, que organizan reuniones, gente de un lugar y otro que se hacen amigos por la red con la moto como punto en común. Todos sabemos que no hay cosa mejor que una reunión de moteros contándose sus batallitas.

En mi retorno al mundillo empecé con entusiasmo en la red, asistí a varias reuniones de algún foro y empecé a viajar de nuevo en moto. Surgieron  nuevas amistades, nuevas motivaciones e ilusiones. Había comprado una Suzuki V Strom 650 nueva que me colocaba en un grupo de motoristas de aspiraciones viajeras huyendo de las altas velocidades y los grandes riesgos.

Con todos esos ingredientes di un paso más y empecé a relatar mis salidas en moto en este blog. Con mucha dedicación y difusión en los foros conseguí cierto número de visitas y por qué no decirlo una pequeña parcela de fama. En los foros era habitual funcionar con un nick o apodo y yo por supuesto tenía el mío: Marsanta. Nick con que me bauticé utilizando las silabas iniciales de los nombres de mi mujer y dos hijas.

Y empecé a relatar mis salidas, paseos o viajes en moto. Y ocurrió que hubo gente que me leyó y vio mis fotos en mis crónicas. Incluso me comentó alguna cosa y me ofrecieron algunos halagos. Pasado un tiempo el blog cogió cuerpo, mi afición quedó plasmada en un montón de vivencias escritas pero un día decidí parar. Viajar y después escribir se convirtió en viajar para escribir y empecé a caer en la vanidad de subir algo con el propósito de alimentar un ego interior desconocido por mí.

En aquellos momentos recuerdo que un conocido periodista de este mundillo utilizó mis fotos y acondicionó un texto mío para publicarlo en una revista del sector y entonces monté en cólera. De repente me di cuenta de que en la red nunca sabes quién te está viendo y con qué intenciones. Enrabietado quise hacer desaparecer mi blog pero curiosamente no pude. Estos blogs que se alojan en operadores de internet y que son gratuitos no son de uno, sino que son de esos operadores que son los que tienen esos espacios en la red. Nosotros somos vehículos que utilizamos sus carreteras y pagamos sus peajes. Nuestros archivos dejan de ser nuestros y son de ellos y como tal los pueden utilizar a su antojo y lo que es peor es que están a disposición de cualquier usuario. En mi cabreo y como no podía hacer desaparecer el blog tomé la decisión de borrar todas mis crónicas y mis fotos como administrador y dejar el blog en blanco. A los pocos días sufrí un ataque en mi ordenador y todas esas fotos que un día estuvieron en mis crónicas quedaron dañadas en mi ordenador. Las tenía pero dañadas. El propietario de ese blog me había devuelto la jugada y lo peor es que yo que era un insulso y no había hecho copias. Me vi  con mi blog vacío y mis archivos dañados. Y me di cuenta de que esto es una mafia. El tráfico de datos personales y archivos genera mucho dinero pero a otros, no a los tontolabas que altruistamente ponemos y exponemos nuestros conocimientos o vivencias en internet.

Después de digerir todo eso en que te ves tan vulnerable me desmotivé mucho y dejé de publicar cosas con asiduidad. Alguna crónica anual de forma testimonial hasta la ausencia total de publicaciones.

Hoy ya he conseguido sobrevivir a todo esto, he conseguido viajar incluso sin hacer ninguna foto. Solo guardo mis momentos de mis viajes en mi memoria y los comparto con mis amigos moteros que son bien pocos en ese momento dejando en el mar de mis recuerdos que se mantengan a la deriva. Hay días que hago el ejercicio mental de recordar esos momentos. En fin el viajar para uno mismo. 

Hoy escribo esto con un propósito, hacer mi última entrada en mi blog y esperar a que pase un año y el propio operador y propietario de ese espacio virtual en vista de la ausencia de visitas lo haga desaparecer definitivamente. Al fin y al cabo, a quién le interesa.

Si alguien ha llegado hasta aquí le agradezco enormemente su dedicación para conmigo.

Un abrazo muy grande para todos los que compartí esta mala afición y nos vemos en la ruta como siempre.


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